Retiro 13 de diciembre de 2003*

             HORARIO

10:30 Laúdes

11:15 Lectura en grupo del documento para el adviento.

11:30 Tiempo personal de trabajo sobre el documento.

13:00 Comunicación.

13:45 Comida.

14:30 Descanso.

15:30 Ejercicio sobre perspectivas de futuro de nuestra vida y de nuestro grupo.

16:15 Trabajo personal.

17:30 Comunicación.

18:15 Vísperas

19:00 Recoger y despedida.

Para una atmósfera interior con ocasión del encuentro de Adviento

ADVIENTO, tiempo de gracia en el que la Iglesia, en todos los Continentes, nos propone e invita, a poner responsablemente el acento de nuestra oración, en la toma de consciencia de la actitud de la espera activa y de la esperanza cristiana, para adentrarnos, cada vez más, en la experiencia luminosa del Padre que desvela, mediante la acción del Espíritu Santo, nuestro propio misterio personal dando hospitalidad, acogiendo en el corazón, al Señor Jesús cuya presencia viene a nosotros a través de todo, pues él esta de corazón en cada cosa”: En su Palabra, en los acontecimientos cotidianos y chiquititos de cada día, en los sacramentos, en la multitud de las interrelaciones personales, en la experiencia de nuestras debilidades, en la adversidad que nos puede coger en el momento menos pensado u oportuno, en todas y cada una de las manifestaciones de esta maravillosa Creación en la que estamos inmersos:

 

¡Queremos ver! ... Par “dar vista a los ciegos” viene el Señor

Alfarero del hombre, mano trabajadora

que, de los hondos limos iniciales,

convocas a los pájaros a la primera aurora

al pasto, los primeros animales

No hay brisa, si no alientas, monte, si no estás dentro

ni soledad en que no te hagas fuerte.

Todo es presencia y gracia. Vivir es este encuentro;

Tú por la luz, el hombre por la muerte

 

De mañana te busco hecho de luz concreta

de espacio puro y tierra amanecida.

De mañana te encuentro, Vigor, Origen y Meta

de los sonoros ríos de la vida

 

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira, que es desdecirte

dejar tanta hermosura en tanta guerra!

Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte

de haberle dado un día las llaves de la tierra. Amén

 

El árbol toma cuerpo, y el agua melodía;

tus manos son recientes en la rosa;

se espesa de abundancia del mundo a mediodía

y estás de corazón en cada cosa

 

   
  Y es que la vida de todo cristiano o es camino de ser “teologal”, experiencia no racional sino vivencial de Dios, o se queda en “un humanismo adornado de religiosidad”. “El cristiano del futuro (es decir, hoy) es alguien que ha experimentado el misterio o es nada” (Rhaner)

 

HORIZONTE DE ADVIENTO, CAMINO DE NUESTRO NACIMIENTO EN EL SEÑOR 

La antropología cristiana entiende al hombre como un ser esencialmente orientado (“nos has creado para ti”), que se realiza como ser de deseos(“y mi corazón está inquieto”) buscando a Dios(“hasta que descanse en Ti”),(S. Agustín). Una búsqueda que no es en el vacío (ver Isaías 45,15-26), una búsqueda que uno mismo, personalmente, cree que es posible y llena de contenido: “la autocomunicación de Dios al hombre, realiza al hombre, simultáneamente, en su propio ser y más allá de sí” (J. Garrido).

Más tarde o más temprano, por una irrupción gradual de Dios, a través de infinitos modos y, normalmente, de un largo proceso de conversión: “llega un momento en el que es Dios quien toma la iniciativa y crea vida de la muerte, asumiendo a la persona (por la obediencia de la fe) en su acción liberadora ... ,suscitando la vida nueva, la de Dios en nosotros al modo de Dios”

Para llegar ahí,  “la vida en Dios se abre camino lentamente en el claroscuro del proceso de personalización, demasiado condicionado por las necesidades de equipamiento y de integración; más tarde la vida en Dios adquirirá la iniciativa global”.

En este encuentro orante, en tiempo de Adviento, podemos darnos cuenta de que llevamos juntos un montón de años con una gran fidelidad de presencia pero, para no estancarnos en la búsqueda, y mucho menos para desencantarnos, en el proceso es importante  hacerse consciente del paso de Jesús por nuestras vidas transformando, aunque nos pueda parecer aún poco, la estructura de nuestra personalidad. Es el antes y el después de la actitud de acoger al Señor que nace en nosotros como el Sol que viene de lo alto, anunciándose en el alba hacia un mediodía pleno de Luz. ¿Qué camino he recorrido desde el Adviento anterior?. Hoy ¿Cuál es mi esperanza en Jesús?

Es positivo que podamos descender personalmente un poco al detalle:

En mi disposición al nacimiento del Señor en mí,¿qué es lo que estoy evitando? Y ¿qué beneficio tengo con ello? 

Valorar, también, que cuando Jesús viene a mí no viene solo ... viene con muchos otros. Acoger a Jesús obliga al corazón a crear espacios de acogida cordial para los demás, empezando por los hermanos en la fe ,,, y es que dar entrada a Jesús no es para admirarlo sino más bien para seguirlo tal y como el quiso ser en medio de los hombres.

María, la Madre de Jesús y nuestra, aceptando la Palabra en sí misma, acoge en su corazón iluminado a José, a Isabel, a las adversidades, a la familia, a los novios de Caná, a todos nosotros al pié de la Cruz con toda decisión y entereza. Jesús en mí, yo en Jesús y en los que buscan lo mismo y todos, en comunión de fraternidad y de misión, ser un signo de esperanza y de salvación para muchos.

* Elaborado por Graciano Martín